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La página de Juan Julián Elola

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Sobre la ley para nombrar a los alcaldes

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Publiqué este artículo en El Distrito cuando Ana Botella aún no había hecho pública su intención de no ser candidata para las próximas elecciones. Por mucho esfuerzo que hizo el PP a la hora de facilitarla el nombramiento, ni siquiera con eso se atrevió. Ana Botella no fue cabeza de cartel en 2011, ni lo será si quiera ahora en 2015, para al menos comprobar si la ciudadanía, refrenda su nombramiento, ya que no lo hizo antes del mismo. Tampoco en la Comunidad tenemos a la persona que se presentó, puesto que ya hace tiempo que Aguirre dimitió y dejó de prestado a Ignacio González, al que la mayoría de los madrileños ni conocen.

Sí, ya sé que no elegimos al Alcalde, al Presidente de la Comunidad Autónoma ni al Presidente del Gobierno. Ya sé que se trata elegimos a los representantes y luego estos eligen al titular del cargo. Pero entonces ¿por qué dice el Partido Popular no sé qué de la elección directa de alcaldes, si lo que luego hace es poner y quitar a su gusto (véase Gallardón/Botella, o Aguirre/González)? Es evidente que, al menos en el espíritu colectivo, se asume que el cabeza de cartel es el candidato a alcalde, aunque a efectos legales no sea estríctamente así.

Mayorías absolutas
 

Que las mayorías absolutas no resultan, por lo general, beneficiosas y que facilitan la aparición de corruptelas y artimañas políticas es bastante aceptado. Creo acreditado el hecho de que si quien gobierna tiene que acudir a acuerdos con otros partidos, se facilitará el control, se dificultará la corrupción, y obstaculiza la concentración de poder. De la misma forma lo peor que puede suceder es que un solo partido acumule tanto el poder en un determinado sitio como los mecanismos de control que las normas democráticas estipulan, pero que son a su vez controlados por las mayorías.

Pues parece que el Partido Popular, contra esta sensación generalizada, intenta, en un esfuerzo desesperado por mantener sus alcaldes, facilitar esas mayorías absolutas. Concretamente, facilitar SUS mayorías absolutas. Y, de rebote, las de Bildu en Euskadi. Aunque, puesto que el más beneficiado sería el Partido Popular, a ninguno de los que siempre se están rasgando las vestiduras les importa que un proyecto que está fraguándose consolide a los “proetarras”. Solo es trascendente si lo hacen otros.

El ejemplo más claro es la ciudad de Madrid. Y seguro que en Madrid pensaban los dirigentes del Partido Popular cuando tuvieron esta ocurrencia. Es difícil que Ana Botella repita la mayoría absoluta. Y también que pueda alcanzar pactos con ninguna otra formación, entre otras cosas por la forma en la que llegó al poder, por cómo lo ha ejercido y por sus actuaciones durante estos últimos años ¿Solución? Se lo ponemos más fácil.  Disminuyendo en medio millón de votos los necesarios para tener mayoría absoluta, evitamos que la mujer del expresidente tenga que rebajarse a negociar con el resto de mortales. O incluso verse sentada en la oposición de lo que consideran su cortijo, tras 30 años gobernándolo. Y de paso, aunque no se diga, evitan que nadie pueda echar un ojo a las cuentas del Ayuntamiento más allá de los datos que ellos mismos proporcionan. Las mayorías absolutas no facilitan el control, todo lo contrario.

Tampoco importa el tan manoseado consenso, puesto que afirman que la llevarán a cabo con o sin apoyos de ningún otro partido. La propia Cospedal afirmó que cambiar la ley electoral con el solo apoyo del gobierno “es propio de sistemas bolivarianos, no de un régimen democrático”. Luego lo hizo en La Mancha. No es regeneración, sino intención de perpetuarse. La política se puede mejorar con mayores medidas de transparencia y control, no garantizándose sus propias mayorías absolutas.

Y ¿por qué puede hacer eso el gobierno actual del Partido Popular? Pues precisamente porque cuenta con una mayoría absoluta insultante en el Congreso de los Diputados y que utiliza de forma contundente. Lo dicho: en general, las mayorías absolutas no son buenas.

16/10/2014 11:32 elola #. actualidad política

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